Merry family

Navidad

- ¿104 es el número de los bomberos, no?

- Creo que sí, pero si llamás a informes de guía en Nochebuena igual no te van a atender.

Igual agarré el teléfono, en el peor de los casos iba a llamar a una ambulancia.

- ¿Hola, bomberos?

- Central de bomberos, ¿en qué puedo ayudarla?

- Si, mirá, mi tío, que anda un poco borracho, le erró la puntería, y se está prendiendo fuego la palmera del jardín, precisaría alguien que viniera a apagarla.

- ¿Dirección?

- Avenida Millán 1128

- Más o menos en media hora van para ahí, fíjate que en esta época del año a todo el mundo se le da por prender fuego algo.

- Y qué le vas a hacer…Feliz Navidad.

Colgué el teléfono, caminé por el pasillo de la casa de mis abuelos, a la que vamos todos los años en las fiestas, y esquivé a mi hermanito.

Tiene cuatro años, pero está muy emocionado, corriendo por toda la casa, porque nunca había visto un incendio tan de cerca con tantos fuegos artificiales a su alrededor. No lo culpo, es todo un espectáculo.

- Vení Fabri, ¿vamos a mirar los fuegos artificiales? Después de los fuegos artificiales viene Papá Noel.

- ¿Y si el tío nos prende fuego?

- No nos va a prender fuego, vení para acá.

Lo levanté a upa y lo llevé hasta el frente del jardín, en donde se ve toda la pirotecnia. Muchísimos colores por todos lados, muchísimo ruido, se ve que los vecinos se gastaron el aguinaldo.

Y viene el acto de magia:

- ¿Viste pasar a Papá Noel?

- ¡No! ¿Dónde está?

- ¡¡¡¡Ahiiiiií!!! ¿No lo viste?

A Fabri se le abrieron los ojos bieeeeen grandotes, y miraba para todos lados como loco. Se quiso bajar corriendo, pero yo lo dejé en brazos de mi padre, y me fui para adentro de la casa.

Agarré todos los regalos que quedaron escondidos debajo de la cama, y uno por uno los fui poniendo en el arbolito, arreglando los cartelitos, poniendo coquetas las moñitas, alisando los papeles.

Abrí la cortina de la ventana, y ahí estaban todos: mi abuela charlando con mis primas, mi tío que seguía tirando fuegos artificiales, mi abuelo quejándose del ruido, mi padre intentando controlar a mi hermanito para que vea los fuegos artificiales y deje de buscar a Papá Noel, mi madre mandando los típicos mensajitos de texto, mis primos intentando apagar el fuego a baldazos con el agua de la piscina.

Poco a poco se fueron apagando los sonidos de los petardos y de las cañitas, y fue apareciendo el sonido de una sirena. Todo se iluminó de rojo.

Cerré la cortina de la ventana, y se me plantó una sonrisa de oreja a oreja. No me imaginé otra manera mejor de pasar la Navidad.

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Poesía random

Día gris.

Llueve en el exterior y en el interior de mi alma.

Los chapuzones llegan hastal o más profundo de mi ser.

Es una tortura china, cae de a una gota.

Hasta llegar a mis ojos, que se humedecen de solo pensarlo.

No te rompas cristal, se mi contención.

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Haiku de la UCU

Los estudiantes

si tienen conferencias

deben asistir. 

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