Meditaciones de un hombre de altamar

21 04 2008
Mar 2

Sentado en la proa del barco, pienso el porqué me fui de casa a navegar por el mar. Creo ser una persona normal, pero no se por qué me cuesta tanto relacionarme con las personas que quiero conocer.

No debe ser tan difícil, me gustaría poder decirle a alguien un “hola”, y que esa persona me respondiera con un simple “hola”, y así poder contarle a esa persona la intensidad, la belleza y el encanto del mar, el sonido de las olas que se rompen y resquebrajan, y como cuando el sol está en el cénit del cielo, el azul del cielo se mezcla con el azul del mar, y el horizonte se fusiona en uno solo, y lo único que se puede pensar en ese momento es que nos hacemos uno con el Universo.

Qué fácil sería el mundo si todos nos dijéramos un simple “hola”, es una forma de decir que quiero conocerte y quiero que me conozcas a mí. Ya no habría problemas de comunicación entre padres e hijos, ni entre hermanos o colegas, simplemente sería estar dispuesto a hablar. Y a escuchar, que es lo que le hace falta a las personas, si todos se escuchasen los unos a los otros, no habría más guerras innecesarias, ni más divorcios, de hecho, no existirían los psicólogos -excepto para orientar a los más jóvenes-, tampoco los abogados.

Ojalá yo por un simple “hola” conociera a alguien, me gustaría que esa persona interesante estuviera aquí conmigo, para variar y desvariar sobre la existencia de los seres, de las cosas, de por qué el mundo es redondo y yo lo único que consigo ver es una gran inmensidad de espacio que me llena de entereza y tranquilidad. Lo único que llena ese espacio de sonidos, de aleteos, de graznidos, de compañía, son mis viejos amigos los albatros.

Ellos ven más allá de lo que alcanzo a ver, viajan kilómetros y kilómetros en busca de alimentos, y recorren con la inmensidad de su cuerpo la dulce brizna marina que les envía noticias de Poseidón, dueño de los siete mares, y les indica un nuevo rumbo, una nueva dirección. Ellos vuelan, libres como el viento, y de tanto en tanto le hacen compañía a un viejo marino como yo.

Es una lástima que no te hayas quedado lo suficiente para ver esto conmigo, se que desde allí arriba me estás vigilando con ojo de lince; yo siempre te he amado y siempre te amaré, pero no tengo la edad suficiente como para volver a empezar de cero y decirle a alguien “hola”, como la primera vez que te ví. Extraño esa falda a lunares y tu hermosa cabellera avellana que se dejaba llevar por el viento.

No mi amor, ya viví lo suficiente, es hora de dejar que los más jóvenes rían, lloren, y experimenten todo lo que nosotros hemos vivido.

Allí viene una tormenta, en unas horas estaremos juntos, otra vez y para siempre.


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2 respuestas

24 04 2008
Renton

Bonito aunque terriblemente triste…

:(

25 04 2008
Anathema

Éste lo escribí para un concurso de la Liga Marítima. Y me quedó así, no lo releí porque me parecía también muy triste.

Es como melancólico.