
Si das un oral,
y no te preparaste,
Cae en pánico.

Si das un oral,
y no te preparaste,
Cae en pánico.
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Sara se encontraba ante una encrucijada.
Ahora era una cuestión de no lastimarlo, pero estaba con las manos atadas en la espalda. Un ultimátum, eso le mandó. ¿Y cómo salía de ésta? No es para cualquiera.
Alejandro la había conocido hace un año ya, y entre los dos había casi que un mutuo entendimiento. Aunque para algunas cosas discordaban totalmente. Pero en algún momento la cosa se trastocó, y lo que pasó de ser un mutuo entendimiento, ahora era algo más complejo.
Él se había enamorado de ella, pero ella sólo lo veía como a un amigo. Tardes juntos hacían que uno y otro pensaran que se entendían… en lo que terminó siendo un completo malentendido. Ambos compartían ciertas pasiones, como la música, en la que cada uno tenía una postura bien tomada sobre el tema, y se peleaban mutuamente sabiendo que el otro no iba a ceder ni un trecho.
Y era algo habitual entre ambos, tomar una postura disparatada sobre un tema cualquiera, y troncharse de risa ante las discusiones disparatadas que se presentaban. De cualquier manera, Sara se lo vio venir.
Una tarde, ellos fueron al Rosedal del Prado, a charlar sobre la vida y tomar mate, en una tarde de sol lluviosa de a ratos, por otro lado sumamente perfecta.
Alejandro entonces le habló a Sara de sus sentimientos, potque era evidente que esperar más no tenía ni sentido ni razón de ser. Y Sara lo entendió, mas no compartía esos sentimientos, porque su corazón estaba en otro lado, su poseedor era otro.
Sara deseó que no se lo hubiera dicho, eso le hubiera facilitado su paz mental, sin embargo mantuvo esa situación de incertidumbre hacia Alejandro, ya fuera por costumbrismo, ya fuera por amistad. Lo cierto es que no quería lidiar con los sentimientos de él, porque sabría que tarde o temprano le iba a tener que decir la verdad: que no quería estar con él.
A cada paso que Alejandro avanzaba, Sara retrocedía, porque no quería lastimarlo, quería seguir teniendo a su amigo, a aquél que consideraba su hermano mayor. Inevitable, cada cosa que pasaba hacía inevitable que eventualmente Alejandro demostrara su amor más profusamente.
Hasta que pasó. Aquél viernes, ella estaba con terrible borrachera…y se preguntó ¿Por qué no?. Su amigo Marcelo le dijo que para él Alejandro era un buen tipo, que hace rato los veía juntos. Sara entonces le preguntó a Marcelo si sería porque habría enviado las señales equivocadas, o habrían sido malinterpretadas en el camino, y Marcelo no supo responderle.
Así que ese viernes, después de la tercera o cuarta cerveza, Sara dejó que Alejandro la besara. E inmediatamente después Sara confirmó el porqué no estaba con Alejandro:
Quedarse con él sería de conformismo puro. Porque tendría a su lado alguien que la querría, que la cuidaría, que la trataría como se merece. Pero estaría condenada a no sentir absolutamente nada por él, lo que tampoco era sano para ninguno de los dos.
Así que le dijo que tenían que hablar. Y hasta ahora no se vieron, pero respiraban preocupación el uno por el otro en cada mensaje de texto, en cada llamada. Alejandro le mandó un mail, con esta suerte de ultimátum amoroso en el que decía que Sara no podía esperar más, tenía que tomar una decisión. Pero él rompió las reglas: esas cosas se hablan en persona.
Y fue así como Sara se encontró con la encrucijada que debía resolver.

Hay gente que experimenta lo que es la libertad. Yo lo único que conozco es la libertad entre cuatro paredes. No se como es el mundo exterior, cada vez que intento salir, sufro de un pánico terrible que me azota, es como algo incontrolable.
He intentado de todo, desde la homeopatía, medicina occidental, psicólogo, psiquiatra, pero no hay caso. Me es imposible no sentir ese algo que me dice que si salgo afuera me voy a morir, me van a atacar, algo me va a pasar.
Ya el abrir una ventana me marea, me deja mal, me hace pensar que alguien va a entrar, alguien va a venir de ese mundo exterior y me va a hacer algo terrible. No puedo evitar pensarlo, me hace sentir más seguro el quedarme en mi casa, en la soledad de mi hogar.
Bueno, no completa soledad. Lilián, la mujer que vive en casa, es la que hace las compras por mí, pero de alguna manera siento que me tiene miedo, o lástima, no se muy bien como diferenciarlos, ya que mi contacto con terceros es muy reducido.
Ahora que me acuerdo, la última vez que salí de aquí, tenía unos 12 o 13 años, pero no llegué hasta la calle. Quedé en la tercer roca que está contra el garaje de autos, me acurruqué como un feto y empecé a pensar que me moría. Mi madre salió a mi auxilio y me dijo que hasta que el psiquiatra no me ayudara con mi problema, no era bueno que saliera.
Pero ahora mi madre no está para aconsejarme, y yo me siento muy solo. Tan así que ni por chat consigo que vengan a mi casa. En ese sentido me siento realmente triste e incompleto, puesto que veo que si no resuelvo este problema, seguiré solo este sendero hasta el fin de mis días.
Es terrible.
Desconozco lo que es estar con amigos, desconozco lo que es un asado, desconozco lo que es la Torre Eiffel, desconozco tantas cosas…
De alguna manera tengo que lograr escapar de estas cuatro paredes, lo único que conozco hasta ahora es el contacto con el cemento, la textura del cielo raso, las curvas de la moquette, los estampados de las alfombras, la suavidad de la cortina del baño. ¿Cómo será el pasto? ¿cómo será la arena? ¿Que se sentirá bañarse en el mar?.
¿Cómo será el acariciar a una mujer? Puedo saber lo que es tocarla físicamente, yo también tengo piel, pero ¿qué se sentirá?. Tengo 42 años, y siento que no he vivido, más que a través de mis historias, más que a través de las películas, más que sinitiendo los acordes de una buena canción.
¿Cómo será mirar el horizonte? Quisiera saber cómo es mirar a lo lejos y no tener nada que te bloquee la visión para ello. Quisiera viajar en barco, y ver el mar, sentirlo bajo mis pies. O viajar en avión, y verlo todo desde el cielo. ¿Será eso posible?. No se con qué comparar la sensación de volar, no encuentro en ningún lado alguna definición de lo que se pueda sentir estando con los pies sobre la tierra.
Debería haber alguna forma de ver un pájaro volar, pero desde mi ventana no logro ver nada. Ya el tener un jardín cerca me da pánico. Y mis vecinos no saben cómo reaccionar cuando me ven.
Tal vez no me merezca vivir lo suficiente, tal vez no sea justo que yo siga con vida, si no me permito a mi mismo el disfrutarla. Hay tanta gente que muere de hambre, y yo, que no sufro necesidad ninguna, no se lo que es la calle, no puedo salir hacia ella. Supongo que ese es otro tipo de necesidad, algo que el resto de las personas no podrían entender aunque quisieran.
Es el temor a vivir, es el temor a lo desconocido. Y admito, soy de las personas que reconocen que tienen un problema, años de terapia me llevaron a eso.
Creo conocer la manera de liberarme de ésta carga horrenda que pesa sobre mis hombros, éste dolor acumulado durante años… Tal vez mañana lo haga, tal vez cuando esté solo y Lilián vaya a hacer las compras, abra todo, me acurruque en el suelo, y espere mi muerte. Tal vez…