BlogDay!

31 08 2008

Blog Day 2008

Es cierto, me acabo de enterar. No es usual, no es común, pero acá van los cinco blogs que son diferentes a la posición y perspectiva de uno, los cuales les muestro al mundo en este maravilloso Blog Day:

Desde República Dominicana, Ariel Santana nos trae sus historias, sus anécdotas, y sus décimas, bien interesantes y divertidas cualquiera de ellas. Dominicano en la sangre y en el corazón.

Es increible la capacidad que tiene esta mina de relacionar las cosas con los números. Es fascinante que alguien pueda relacionar a las personas con los números ¡y el lector sabe exactamente de quién está hablando!. Pero me parece que igual se cansó un poco.

Desde África, Tim J. Little va contando su viaje como voluntario en diferentes lugares de África (él mismo dice que salió de hacer programas para bancos, y se fue a África), y cuenta unas anécdotas, algunas divertidas, y otras muy reales.

Éste español es puro cariño, con sus letras ha sabido cautivar a cientos de personas de habla hispana, y se lo merece. He aquí la expresión más libre del Amor y la libertad que se pueden encontrar.

Esta chica sabe cautivar como pocos con sus letras. La conocií por medio del blog de Gabriel, y si hay algo que se es que cuando sea grande quiero escribir como ella.





Concatenación

29 08 2008
Cadena

Eslabones

Poeta.

Poeta es el que disfruta y armoniza con lo cursi.

Cursi.

Cursi es aquél que ejecuta el amor barroco.

Barroco.

Todo aquello sobrecargado en un estilo.

Estilo.

Es lo que me falta.

Falta.

Existencia de una carencia.

Carencia.

Lo que me falta a mí para ser poeta.





Habeas Corpus

26 08 2008

Escena I

-          Celeste, ¿estás segura? Vos vas sin papeles para allá, y no quiero que te pase nada. Mirá que la situación tampoco está mejor en España.

-          Mamá, es lo que quiero hacer, no me importa si me deportan.

Así de azorada quedé el día en que me lo dijo.  No es que tampoco pensara que le iba a ir seguramente mal, sin embargo, un padre desea sólo lo mejor para sus hijos. Pero también sólo los padres sabemos que en caso de emergencia, somos los primeros en ser llamados al deber de cuidarlos, y que estuviera a miles de kilómetros no me hacía las cosas fáciles.

Nunca pude decir en el aeropuerto que, a pesar de la distancia, la apoyaba. Muy por el contrario, quería que se quedara bajo mi ala, lo más cerca posible, que nunca abandonara mi hogar para irse al viejo continente.

Son en todo caso, los obstáculos que ella deberá enfrentar y no los míos, ya que gracias a mi abuelo, para la Nación de las corridas de toros, yo soy una mas de ellos. Lo que si no pude es hacer que heredara esa cualidad, las leyes son muy restrictivas al respecto, y eso me genera una gran desolación. ¿Y si le pasó algo? ¿Yo qué hago? ¿Dónde la busco? ¿Por donde empiezo?.

Nunca estuve allá, y no tengo ni idea de qué debería hacer en un principio. Mi título de abogada de nada me sirve, las leyes españolas escapan a mi conocimiento, y aunque supiera todas y cada una de ellas, carezco de un título que lo avale y que diga “Yo puedo llevarme a mi niña”.

La que no es una niña tampoco, ya es toda una mujer. Más allá de lo inmadura e irresponsable que pueda ser, confío en su criterio, confío en los valores con los que la crié. Por eso realmente me extraña, me extraña sobremanera.

Hace ya dos semanas que no recibo ni una llamada, ni una carta, ni una maldita postal. Y eso me está enloqueciendo, porque puede ser que esté todo bien, que se haya ido de vacaciones a la Riviera francesa, que fuera a conocer los campos de Portugal, que anhelara descubrir la arquitectura italiana. Pero me temo lo peor, porque no sólo se que no se por donde empezar, sino que además me siento inútil e impotente ante el hecho de que si le pasa algo…

Estoy segura que no le pasó nada, lo que me hace plantearme este dilema: Si le pasó algo, empezaría por avisarle a la policía, lo que haría que si la encuentran la deporten, pero tendría por seguro que ella está bien. Pero si no le pasó nada, entonces alertaría innecesariamente a las autoridades, y ella me recriminaría toda su vida el que la haya mandado deportar sólo porque soy inestable. O controladora. O cualquiera de las dos.

Lo que más me tiene en estado de alerta, es que tampoco haya hablado con su pareja. Si realmente amas a una persona, no deberías tenerla preocupada. Él también no tiene idea de su paradero, pero sigue insistiendo en que no me preocupe, que cuando las cosas pasan uno recibe una llamada, si no se reportan, es que está todo bien.

Quisiera creerle, quisiera no estar con esta angustia que me carcome. Es parte de los gajes del oficio de los abogados penalistas, no quiero caer en esa falsedad de que si no aparece es porque está todo bien. Trabajo todos los días con mujeres que no saben dónde están sus hijos e hijas, aparecen siempre en alguna cuneta, encerradas en sótanos y galpones, golpeados hasta el hastío.

Y acá no pasa, pero allá son golpeados porque te discriminan, lisa y llanamente. Basta ver en cualquier noticiero a las seis de la tarde.

Así que he tomado una decisión, sobre todo después de la llamada que recibí en el avión. Mi amigo Francisco fue llamado de la Jefatura de Policía, por mi hija. Él es la única persona en España que es como un hermano para mí, aunque nunca nos hayamos visto, y él mismo me va a estar esperando en el aeropuerto.

Solo deseo que no sea nada grave, que todo sea un gran y fortuito mal entendido, que lo peor ya haya pasado, que…que…que esté bien.

Escena II

Hace un mes y medio que estoy viviendo en Barcelona, buscando a mi hija, y no está por ningún lado. Busco jefatura por jefatura, comisaría por comisaría, y todos se ríen de mí, porque nadie quiere buscar a un inmigrante perdido.

Han pasado ya tres años desde que salí de Uruguay, y ésta es la única provincia que me falta recorrer, por más que la busco, por más que he hablado con todas las autoridades, no aparece por ningún lado. Y ya poco me importa si aparece viva o muerta, deseo con todo mi ser que aparezca viva, pero ya no pongo las manos en el fuego por nada, ya no tengo certezas, mi mente está llena de dudas.

No debí dejarla ir, no en esas condiciones, no sin ver de hacer algo antes, algo que me dijera que mi niña está bien.

Es realmente injusto. ¿Qué le hice a Dios, qué tormento me tiene preparado?

Estos tres años han sido desesperantes, solitarios y llenos de incertidumbre. Francisco estuvo ahí en lo que pudo, hace lo que puede, ató su vida voluntariamente con la mía, pero no es lo mismo, no es lo mismo él que vos. Necesito a mi contención, a ése que es mi almohada. No es justo que esto lo tenga que vivir sola, que no estés acá para acompañarme.

Sigo buscando con Francisco, y acabo de llegar de la Jefatura, en donde dicen que está mi hija, muy maltratada. No la pude ver pero más o menos esto fue lo que sucedió.

Llegué a la Jefatura, como siempre, sin esperanzas de encontrarla, y un oficial explicó que habían encontrado a mi hija, pero que no me podía decir ni dónde ni porqué. Hacía tres años que no la veía, y mi angelito, al ver la foto de ella semidesnuda, y toda golpeada, exigí que me dijeran dónde la encontraron.

Pero el oficial insistía que como sudamericana, no me correspondía hacer preguntas sobre su paradero, sino quería terminar dentro de la cárcel con mi hija.

“Collons, que encara que la meva Nació digui que sóc un sudaca, els meus papers diuen que sóc d’aquesta mare pàtria”[1] le dije, y quedó azorado, nunca se esperó que le respondiera en catalán. Y me dieron unas formas, unos papelitos en blanco, aquellos que había llenado ya más de doscientas veces para solicitar la liberación de mi hija. Eso después de haberle gritado media hora en catalán, y Francisco tuvo que detenerme para que yo misma no terminara ahí dentro.

No lo podía creer ¡Angelito, lo que habrás sufrido! ¡Mi cielo celeste!.

Cuando por fin terminé de llenar todas las hojas, presentar todos los documentos, que autenticaran los mismos, me dijeron que hacía ya dieciocho meses que estaba esperando que un Juez le tomara la declaración. Y que sin ella, no podría ser ni liberada ni deportada.

Así que ahora estoy en busca del Juez del turno, que se supone se encuentra vacacionando en Sevilla, para traerlo de los pelos y que le tome la declaración a Celeste, para así poder llevármela a casa.

Angelito, aguarda un poco más, ya te encontré, ya te voy a sacar de ese infierno.

Qué cojones que hay que tener para tener detenida a una niña durante dieciocho meses y no tomarle declaración alguna. ¡Es casi una niña, gallego desalmado!

Lo voy a ir a buscar a Sevilla, y si no viene lo voy a buscar de los cojones y se los voy a arrancar con las muelas, para que sufra lo que ella ha sufrido en estos tres años. ¡Si vieras la foto de tu hija! Todos los brazos violetas, ensangrentada, el pelo hecho una desgracia y oscurecido, es como si fuera tu madre. Por favor, ven a buscarla conmigo, ayúdame en esta triste empresa, que no se cuanto tiempo podré aguantar.

Me quiero matar…

Escena III

No se si es el correo el que no llega, o no quieres ver a tu hija así. De cualquier manera necesito tu ayuda ahora más que nunca.

Ya se que tal vez no te importe en demasía, pero cuando fui a Sevilla me arrestaron por insultar a un Juez español, y como soy ciudadana no me torturaron, pero ahora se acaban de llevar a nuestra hija.

Te pido por favor que la vayas a buscar en Uruguay, y que te contactes con alguno de mis colegas allá para que me consigan una buena defensa aquí. Porque ya lo que es tu hija no importa.

¿Querés saber, la puta madre, cómo está tu hija?

Está muerta, hoy de mañana la sacaron en una bolsa negra de la celda, estaba acurrucada en mis piernas, muerta del miedo. Le hicieron confesar cosas indescriptibles, y a cada cosa que confesaba, más la torturaban.

Porque a los ojos de la ley, ella no estaba allí, fue porque yo revolví cielo y tierra que apareció. Y cuando me vio, los ojos se le llenaron de lágrimas, pero ya estaba demasiado débil, no aguantó la noche en esta celda fría y húmeda.

Hace tres años que no veía a mi hija, y cuando al fin la encontré, la tuve en mis brazos sólo unas horas.

Así que te pido por favor Germán, andá a buscarla en ese avión que va a llevar sus restos, y dale un entierro digno de nuestra familia. Ya no te pido que vengas a buscarme, sino que hagas lo último por ella.

Yo ya perdí toda esperanza…


[1] “Joder, que aunque mi Nación diga que soy sudaca, mis papeles dicen que soy de esta madre patria”