Él frenó porque yo frené cuando vi adelante mio una moto tirada en el piso. Es decir, tuve que clavar los frenos de la camioneta, y Juan Pablo, que venía atrás mio, tuvo que hacer lo mismo para no chocar conmigo.
Veníamos cada uno con su familia en la camioneta, recién llegábamos al Uruguay luego de pasar unas hermosas vacaciones en Brasil, y no tuvimos mejor idea que volver haciendo ruta por la noche.
Como dije, veníamos haciendo carretera cuando vi la moto en el piso y frené. Decidí prender las luces largas, y vi a un hombre y a una mujer tirados en el piso, todos empapados en sangre. Le dije a mi mujer que llamara a una ambulancia y Juan Pablo se acercó a mi ventanilla para ver qué pasaba.
Ni bien vio a la pareja, su cara emitió una mueca de horror, y me invitó a acercarnos para ver si estaban vivos. Así que eso hicimos, nos fuimos acercando de a poco, sólo iluminándonos con las luces de mi camioneta.
Aproximándonos a ellos vi que aquella mujer estaba embarazada, así que tomé mi celular y llamé a la policía. Mientras lo hacía vi que él respiraba, asi que decidimos prestarle primeros auxilios. Volví al auto y agarré una frazada, se la puse por encima al hombre mientras Juan Pablo corroboraba que todavía tuviera pulso.
Le pasó lo mismo que a nosotros y nunca lo vimos venir.
Mi mujer quiso alejar un poco la camioneta, pero al intentar arrancar el auto, tocó la palanca de encendido de las luces y la apagó.
La ambulancia que venía al rescate de la pareja nunca vio a los autos, y al venir al kilómetro doscientos cuarenta y cuatro a ciento veinte kilómetros por hora, chocó a la camioneta de Juan Pablo, chocando mi camioneta, la cual nos arrolló a los cuatro, matando también a nuestras familias.
Ni bien vea al maldito conductor de la ambulancia acá en el infierno, le dejo los riñones como una piñata por el resto de la eternidad.



ME QUEDE HELADA.
Quedé con la mente en blanco un rato, todavía ando tratando de rescatar alguna idea o pensamiento.
Pues yo le daría un par de patadas a la mujer!
Bien, T.!
A exorcizar esos demonios, se ha dicho!
Si este que escribí aquí es el comentario número 1000… menos mal que premian por el número y no por el contenido.
Jejeje, don’t guorri, acá se premian ambas cosas moralmente :P