Según los historiadores, en el año 2009 se dio un fenómeno muy particular. Hubo dos pandemias importantes, y todo se desató a raíz de los chanchos.
La primer pandemia se desató en México, con una gripe de pollos que transmutó a los chanchos, y de ahí se transmitió a los humanos. Hete aquí que hubo miles de muertos distribuidos por todo el mundo, y muchos que fueron contagiados pero la sobrevivieron, después se descubrió que la sobrevivieron por comer brócoli mientras ellos pensaban que era un medicamento Tomi…temi… bueno, en este momento no lo puedo recordar.
Pero hubo otra pandemia, bastante más peculiar, que fue originada en lo que en aquél tiempo se llamaba Argentina, y que hoy en día son las Provincias Unidas de la Banda Oriental. Fue algo muy curioso cómo se descubrió, y la raíz de todo fue un cerdo de Merlo.
Merlo era un barrio medio grande, grande para lo que yo conocía en aquélla época en la que vivía en la ciudad de Montevideo, hoy barrio de Montevideo, y si mal no me acuerdo, empezó muy de a poquito a conmocionar todo.
A diferencia de la gripe porcina que se la llamaba la h1n1, ésta gripe no traía tos, sino la fiebre revolucionaria. Todo empezó cuando un chanchito se perdió en una protesta por los empleados del casino flotante de aquélla época, y de ahí no paró hasta tener dimensiones mundiales.
Los empleados del casino que allí estaban acampando fuera del casino, se vieron súbitamente contagiados de una sensación febril, la “fiebre revolucionaria” le decían, y con ella, no se quisieron ir más de las carpas hasta que sus antiguos empleadores les solucionaran su situación laboral.
Crónica TV en esa época era un canal chiquito de prensa amarillista, sólo abarcaba a Argentina, y ahora es una cadena multinacional japonesa de noticias, pero en aquélla época cubría todos los eventos de este tipo. Y me acuerdo que salió en los titulares:
Cuando las mujeres, madres e hijos, hermanas de los trabajadores fueron a ver por qué después de semanas los trabajadores no iban a sus casa ni a comer, se expandió el virus. Rápidamente las madres fueron a acampar a los supermercados por los precios, los hijos acampaban en las escuelas y liceos por las notas que sacaban, las esposas acampaban en sus respectivos trabajos por las condiciones laborales. En fin, se desató un caos descomunal, porque todos acampaban fuera de sus casas.
Un hecho curioso es que los ladrones empezaron a acampar dentro de las casas de sus víctimas, porque alegaban que no tenían suficientes bienes como para mantenerlos a ellos también. Años después de pasada la crisis, se los incorporó al sistema de seguridad social, y cobran hasta el día de hoy jubilación por robar.
Otro hecho curioso fue el caso de la Presidenta y sus mandatarios políticos. Ellos eran los únicos que rotaban de casa en casa, protestando por la inseguridad cotidiana que les provocaba trabajar en el Gobierno, se sentían todo el día insultados y mermados, cuando lo único que hacían era “trabajar”. Para el caso, se construyeron unas carpas Doite tuneadas con rueditas de oro, y eran fácilmente reconocibles por la caravana de carpas móviles que circulaban por la ciudad.
Ésta epidemia se propagó a nivel mundial, a medida que los trabajadores de los aeropuertos acampaban en los mismos, y los turistas iban y venían en los aviones de otros países (en los cuales el personal usaba mascarilla, pero eso les sirvió durante dos vuelos). Ahí fue cuando comenzó la Primera Crisis Mundial, en donde se paralizó la economía, la política, la cultura, y la sociedad de todas las naciones. Y mezclado con la gripe h1n1, era una combinación fatal, puesto que todos se contagiaban en sus carpas, y la gente moría allí y nadie lo sacaba o lo enterraba, puesto que los sepultureros tenían ocupado el cementerio.
Muchísima más gente murió de la “fiebre revolucionaria” que en cualquier otra pandemia, solo sobrevivían los vagos, los responsables a los cuales no les importaba sus condiciones laborales, los niños, y los totalmente discapacitados.
Pero después de dos años de una merma de millones de la población mundial, un sastre que vivía en la población de Whighklasd en Dinamarca se le ocurrió un tipo de protesta diferente, e hizo una superproducción de galeras. Llegó a hacer más de 10 mil galeras en un año, y después le puso una galera a todo ser viviente del pueblo. Lo que, por suerte, por casuística, o por azar descubrió, fue la cura de la fiebre revolucionaria.
Una vez que todos los cerdos tuvieron una galera en la cabeza, la gente empezó a querer volver a su casa, desalojando a los ladrones que vivían allí desde hacía mucho tiempo. Muchas de estas personas ya no recordaban cuál era su casa, lo iban descubriendo por las fotografías encontradas encima de las estufas y mesas de luz, y aquéllos que ni eso encontraban, elegían una casa al azar y vivían allí. Otros no sabían si tenían casa o no, así que personas que tuvieron casa alguna vez, vivían como vagabundos, y personas sin hogar se hicieron uno nuevo.
Cada vez que se caía una galera, las personas querían volver a protestar, así que nuestro Sastre ideó la gran idea de pegar las galeras a las cabezas de los cerdos. Las personas de Whighklasd, ni lentos ni perezosos, crearon una industria de esto, y fueron por todo el mundo confeccionando galeras, y poniéndoselas a los cerdos en la cabeza.
Ellos son los que ustedes conocen como La Maestría de los Sastres, el orden mundial que gobierna hoy en día, y que unieron Uruguay y Argentina en las Provincias Unidas de la Banda Oriental, porque dijeron que nos peleábamos muchos.
¿Y cómo me salvé yo? Bueno, digamos que nunca me gustó trabajar mucho…



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