- Y…lo tuve que matar, señor Oficial, era demasiado buen vendedor.
- ¿Pero cómo lo va a matar por ser buen vendedor?
- Y sí, le terminé dando hasta mi casa para comprar una lámpara de pie. Pero déjeme que le cuente todo, señor Oficial.
Iba caminando por la calle de las mueblerías con mi marido y mi perro, como hacemos todas las noches. Pasamos por la puerta de una casa de iluminación, y me detuve, como hago con todas las casas de iluminación, para ver lámparas hechas con hierro.
Mi marido prácticamente sale corriendo cada vez que me ve detenerme en una tienda, así que se me adelantó con Toby y supuso que yo me le uniría más tarde. Me entretuve viendo artefactos para la pared, y decidí entrar para preguntar sobre uno muy bonito con un pececito que miraba hacia la izquierda.
Y entré sorteando todo tipo de lámparas de diferentes tamaños y colores. Sobre todo me encantaron esas lámparas naranjas todas modernosas que se usan hoy en día. Viendo éstas lámparas fue que me topé con él.
Ya desde el primer momento me deslumbró con su sonrisa de dientes brillantes, la que más tarde soñaba con que me iba a devorar si no le daba todo mi dinero. Es que, todo empezó así:
Buenas noches, ¿en qué la puedo ayudar?
Si, buenas, quería preguntarle cuánto sale aquél artefacto del pececito que está al lado de la puerta.
¿Aquél? Un millón de pesos.
¡¡¡¿¿¿Qué???!!!
Si, como lo escuchó, quinientos ochenta mil pesos.
Pero cómo, ¿no era un millón de pesos? Y ahora me dice quinientos ochenta mil. Igual no pienso pagar ni lo uno ni lo otro.
No, señora, usted escuchó mal, no son doscientos cuarenta mil pesos, son trescientos veinte mil.
¿Todavía estamos hablando del mismo aparato?
¿El del pececito ése de allá?
Sí, ése.
Si, es el que sale ciento sesenta mil pesos.
Este…eh…igual sigue saliendo muy caro.
Bueno, pero si se lleva dos sale cien mil pesos, y si se lleva cuatro sale setenta y cinco mil pesos.
No sólo no tiene sentido, sino que además no voy a gastar setenta y cinco mil pesos aunque sea en cuatro aparatos.
Ah, entonces puedo ofrecerle ésta lámpara de pie, sale cuarenta mil dólares.
¡¿Dólares?! Pero tendría que vender mi casa para poder comprar esa lámpara.
No hay problema, ¿dónde vive usted?
¿Qué quiere decir con eso?
Si quiere usted me da las llaves de su casa, y yo le doy la lámpara de pie.
Pero no le voy a dar mi casa…
Mire qué bonita que es, éste hierro forjado es de Indochina, y la pantalla es de cuero de lagarto.
Para mí es de plástico ese supuesto cuero de lagarto.
Déme las llaves de su casa.
B…bue…
Gracias. Tome, agarre su lámpara.
Bueno…yo…yo ya me voy, mi marido me está esperando en la puerta.
Espere señora, espere, no se vaya todavía. Además no hay nadie en la puerta, no está su marido. Venga, venga, mire éstas lámparas naranjas que a usted le gustaron, yo la vi.
Bueno, si, pero no importa, no las quiero en realidad.
Déme todo lo que tiene en su billetera y usted se lleva esta importante oferta de una de las lámparas naranjas y un marcalibros.
No quiero nada de eso.
Entonces sólo déme todo lo de su billetera.
¿Me está robando?
Técnicamente no, le estoy vendiendo una preciosa lámpara naranja.
No me gusta, no me combina con los muebles de mi casa.
Ya no es más su casa, ahora es MI casa.
Este…me voy…
Inténtelo nomás.
- Intenté salir nomás, pero la puerta de vidrio estaba cerrada. Mi marido no estaba ni cerca, así que tomé mi lámpara de pie recién adquirida e intenté golpear al vendedor, pero para cuando me di vuelta, él se abalanzó sobre mí, y después de unos tres minutos de lucha me maniató y me dejó detrás del mostrador. Ahí descubrí una cosa señor Oficial.
- ¿Qué descubrió señora?
- Había un hombre maniatado detrás del mostrador.
- ¿Y quién era?
- Espere que le explico Oficial.
Mientras estaba maniatada, veía cómo el que yo creía que era vendedor, sacaba todo el dinero de la caja registradora, así que supuse que el hombre que yacía inconsciente a mi lado era el verdadero vendedor. Por suerte el ladrón fue lo suficientemente considerado como para dejarme la lámpara de pie que me había vendido cerca, y se la pateé, la cual le cayó en la cabeza. El resto usted lo sabe, señor Oficial.
- Bueno, nada más para que lo sepa señora, usted le dio las cosas, así que oficialmente canjeó su casa por el arma homicida. Mañana mismo se va ante el Juez.
Pero, señor Oficial, ¿a usted también lo tengo que matar para que alguien me crea? Bueno…si no me deja otra opción…



¡Te pasaste, amiga! no termino de reirme con el ladrón-vendedor y su retórica.
Jejeje, ¡¡gracias!!
ya ves, con razón me fastidia ir de compras, las cosas que pasan
Jajajajaja, si, a mi me pasa cada vez qu voy a comprar lámparas :P
Me encantó
Al principio me parecía algo predecible que contaras el final al principio, pero el diálogo irreverente me conquistó, y la vuelta de tuerca al final me mató.
Saluditos
Gracias!! Es muy bueno escuchar eso de un lector critico. Salutes!!
un lector hinchapelotas, digamos